Nuestro último viaje juntos

Tal vez no recuerdes aquel viaje,
seguramente no recuerdas los amaneceres a través del cristal,
dónde no estábamos tan rotos.

Apareciste con un portazo,
con el aire que me dio la fuerza
que hoy me esta salvando.
Rompiste mil relojes,
intentando detener el tiempo,
me enseñaste a buscar el calor en invierno,
y a subir montañas
para encontrar mi alma.

Me enseñaste a perderme en compañía,
a alzar los brazos para recibir abrazos,
y a acurrucarme en las noches
en mitad de la nada,
buscando a quién no esta.

Me enseñaste a extrañar con cariño,
a olvidar el odio,
porque perdonar duele más,
pero sana más rápido.

Dijiste que el tiempo era una medida absurda para los momentos,
que era mejor soñar y vivir a nuestro propio ritmo,
y que nuestro último viaje al mar,
moriría con nosotros.

Te creí,
y hoy te recuerdo en el horizonte más lejano,
con una sonrisa en el alma,
y el reloj parado en el momento exacto,
en el que todo merecía la pena.


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