A mi "yo" del presente



Mírate, pareces tan cansada, tan agotada.
Tienes la sonrisa rota,
la mirada triste
y la risa vacía.

Te tiras en el suelo, rendida.
Tú nunca fuiste de las que se rendían.

Parece que no te importase,
parece que es la propia vida la que te ha destrozado,
a ti, que diste un paso atrás para defender lo que querías,
a ti, que te equivocaste para encontrar el camino correcto.

Dime, ¿mereció la pena?
¿ha servido de algo destrozar tu propia alma?

A mí no puedes mentirme,
¡NO TE ATREVAS A MENTIRME!

...
Estas tan acostumbrada a la tristeza,
que cuando te falta, sientes un enorme vacío en tu alma.
Y no, la tristeza no va a desaparecer,
no de golpe, al menos.
La vida no tiene la capacidad de quitarte todo,
siempre queda algo, aunque sea la soledad.

Porque joder, también te has acostumbrado a la soledad,
y cuando la ves, a lo lejos, tienes la capacidad
de llamarla hogar. Es un hogar lleno de lágrimas,
algunas son por culpa de la felicidad,
otras las ha causado la tristeza,
pero en su mayoría son una mezcla agridulce.
Están rotas en su mayor parte, y pegadas entre si,
con hilos de oro.
Pero, escucha.

Voy a decirte algo que tú ya sabes:

El mundo es un lugar terrible
y la vida tiene la capacidad de derribarte
más que un puñetazo en el estómago,
más que cualquier otra cosa.

Pero eso ya lo sabías.

Tal vez, lo que no sepas,
es que tú eres la única que puede cambiarlo todo.


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